Dentro del escándalo del impeachment de Bill Clinton. Empezó con una aventura, pero terminó con una trampa de perjurio que sacudió al mundo.
- Nov 8, 2025
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En el corazón del escándalo había una relación definida por un desequilibrio de poder masivo: el presidente de los Estados Unidos y una becaria de 22 años de la Casa Blanca. La aventura duró, de forma intermitente, dos años. Para la becaria, Monica Lewinsky, era un mundo secreto y celosamente guardado. Pero esa "burbuja dorada", como ella la llamaba, estaba a punto de estallar de la forma más violenta posible, convirtiendo una relación privada en un espectáculo global. Esto no iba a ser solo una historia embarazosa; iba a ser un arma política.

La explosión vino de un lugar inesperado: una "amiga". Una colega llamada Linda Tripp, en quien Lewinsky confiaba como mentora, estaba grabando en secreto sus llamadas telefónicas privadas. No estamos hablando de una charla de pocos minutos; estamos hablando de más de 20 horas de conversaciones gráficas, íntimas y emocionales sobre la aventura. Resultó que Tripp no era una amiga en absoluto. Estaba trabajando con investigadores y utilizó esas cintas para ayudar al FBI a montar una operación encubierta. En un minuto, Lewinsky se reunía con su "amiga" en un centro comercial; al siguiente, era emboscada por agentes federales y llevada a una habitación de hotel. Allí, la amenazaron con 27 años de prisión por perjurio y otros delitos.
¿Cómo se convirtió una aventura privada en un crimen merecedor de 27 años de prisión? Esa es la verdadera genialidad —o el terror— de la trampa legal. No se trataba del sexo; se trataba de mentir sobre el sexo. Todo se remontaba a otra demanda por acoso sexual presentada por otra mujer, Paula Jones. En ese caso, se le preguntó al presidente bajo juramento si había tenido una relación sexual con Lewinsky. Dijo "no". Un fiscal independiente, Ken Starr —que originalmente estaba investigando un negocio de tierras completamente diferente— vio su oportunidad. Esto era perjurio. Este era el "crimen grave" que podía usar. Solo necesitaba pruebas, y Linda Tripp acababa de entregárselas...




